No cometas los mismos fallos que yo

Unos cuantos ejemplos sobre lo que no se debe hacer cuando gestionas proyectos o equipos.

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JLJuarez

11/26/20252 min read

La gestión de proyectos y equipos consiste en un equilibrio delicado entre visión analítica, liderazgo y una ejecución impecable. Sin embargo, incluso los gestores más experimentados pueden caer en trampas que comprometen el éxito. Y es que no solo se trata de lo qué se debe hacer, sino también de lo qué no hay que hacer. En este artículo os contare algunos de los fallos que yo he cometido a lo largo de mi trayectoria profesional.

Callar es aceptar

Si recibes un correo electrónico con información incorrecta y no dices nada, lo estás aprobando por omisión. Si algo no está claro, ¡habla! Es mejor aclarar las cosas a tiempo que tener que corregir desastres después.

Como veis algunos son mas sencillos de solucionar que otros, pero lo importante no es solo evitar caer en ellos, sino también ser conscientes de la situación y tomar las medidas oportunas para dar solución al problema. Así podrás gestionar tus proyectos y equipos de manera más efectiva, fomentando un ambiente de claridad, eficiencia y éxito.

Subestimar los pequeños retrasos

Los retrasos suelen comenzar como pequeños deslices y antes de que te des cuenta, se convierten en la norma. Si un plazo se está viendo comprometido, revisa las causas subyacentes y mitiga los riesgos.

No avisar a tiempo

Uno de los momentos más difíciles en la gestión de proyectos es decidir cuándo dar la alarma de que algo anda mal. Si un riesgo relevante se está materializando, avisa cuanto antes y activa un plan de contingencia.

Planificar en exceso

La planificación es clave, pero obsesionarse con la perfección solo te hará perder tiempo. Las cosas rara vez suceden al 100 % según lo planeado. Diseña una estrategia flexible y adáptate a medida que avance el proyecto.

Priorizar la herramienta en lugar del proceso

No necesitas el software más sofisticado para gestionar un proyecto. Si tienes un buen proceso, hasta una hoja de cálculo puede funcionar. Prioriza la metodología, no la tecnología.

No registrar los acuerdos

Las palabras se las lleva el viento, pero los correos electrónicos y los documentos compartidos perduran. Registra y comparte todas las acciones y acuerdos para evitar malentendidos futuros.

No gestionar las expectativas

A veces, el cliente se entusiasma y pide cosas que no se pueden cumplir. Desde el inicio, deja claro qué es posible y qué no, pero con diplomacia y sin falsas promesas, el experto eres tu y precisamente por eso se te contrato.

Confundir la gestión de proyectos con la de productos

La gestión de proyectos y la gestión de productos están conectadas, pero no son lo mismo. Un proyecto tiene un inicio y un fin claros, mientras que un producto puede evolucionar continuamente. Aclara las diferencias a quien proceda o sino te veras representando la historia interminable.

No concretar los criterios de aceptación

Si no estableces estos criterios desde el principio, nunca sabrás cuándo el proyecto está realmente terminado, lo que te llevara al punto anterior. Evita retrasos innecesarios acordando desde el inicio, en que consiste una entrega y que esta se haya completado.

Pedir demasiada documentación

No sobrecargues a tu equipo exigiendo que escriban una enciclopedia, posiblemente cuando el proyecto termine el 75% de ella estará desactualizada y no sera útil. Ademas esto permitirá que el equipo se enfoque en ejecutar el proyecto.